En mi vecindario siempre a las dos de la tarde pasa Roberta, con su andar vacuo y vacilante, con su pelo blanco y desaliñado; la acompañan un bastón nudoso, el carrito que empuja y dos perros. Es un cortejo bastante extraño, los perros son de color castaño tienen un gesto altivo y robusto, se deslizan con la habitualidad de los vagabundos callejeros, ellos gruñen mientras Roberta habla empujando el carro y las palabras. Su carro cuestiona los cestos de basura y también los rincones de las veredas y detrás de los árboles y todos avanzan mientras se escuchan ladridos que los preceden.
Nosotros sabemos que Roberta y sus perros están por venir al escuchar la agitación de nuestros perros, los perros del barrio que suenan como los relámpagos que preludian tormenta. Ella habla y sabemos que le contestan, al menos le deben contestar esas personas que nosotros no alcanzamos a distinguir detrás de nuestras cortinas, quizás porque las sombras de los tilos sean muy intensas y oscuras, quizás porque el temor nos hace mirar cerrando bien los ojos, pero a Roberta si la vemos gesticular alzando los brazos, moviendo las manos y sabemos que le contestan porque mientras va caminando de pronto se detiene y aguarda las respuestas, se agacha, hace pausas durante la conversación para escuchar mejor, para que esas personas que no alcanzamos a ver le contesten, siempre con los truenos de ladridos precediendo su paso.
Nunca escuchamos a los perros de Roberta ladrar, pensamos que quizás no sepan hablar el lenguaje de los perros y por eso andan con ese gesto gruñón como si los demás congéneres no los quisieran, los marginaran, no entendieran el que ellos estén para acompañar a Roberta en sus salidas, junto con el carro que empuja y que se llena poco a poco de las cosas que Roberta va levantando, cosas que deja la gente cuando pasa corriendo, como el bastón que usa Roberta para apoyarse, que quizás fuera un paraguas abandonado o un arcabuz, puede ser ambas cosas o ninguna, ahora que lo miramos mejor el bastón de Roberta tiene como pedacitos de alambre y telas que le cuelgan y que nos parecieron adornos, de cualquier forma vemos que Roberta lo usa como si fuera un bastón, ya sea para caminar o también para defenderse de otras personas que tampoco alcanzamos a ver, pero que no son las personas con las que conversa, de eso nos damos cuenta porque Roberta dice en voz muy alta algunas palabras groseras, las dice casi a los gritos y entonces luego la vemos agitar ese bastón que puede haber sido un paraguas o un arcabuz como defendiéndose, y es en esos momentos los perros del vecindario aumentan las cantidad de truenos.
Otras veces vemos que Roberta se detiene, mira el piso, pareciera que encuentra algo, lo mueve con el pie, sobre la vereda, rozándolo apenas para ver si está vivo, a veces insiste e incluso algunas pocas se ha sentado en el cordón de la calle como aguardando que vengan esas personas que hablan con ella y que nosotros no vemos pero que intuimos por las gesticulaciones de Roberta. Si de nuestra casa miramos las casas que tenemos enfrente estamos seguros que detrás de los cortinados están nuestros vecinos escuchando y viendo las conversaciones que tiene Roberta con sus conocidos y las trifulcas que tiene con los otros que la molestan mientras junta cosas en el carrito.
Hace ya varios días que no escuchamos truenos en el barrio, que no hemos visto pasar a Roberta empujando su carro apoyada en su paraguas y seguida por sus perros que gruñen y que no saben ladrar, también nos hemos dado cuenta que los vecinos de enfrente ya no están escuchando detrás de las cortinas.
Hoy son las dos de la tarde otra vez y nos pareció escuchar el rumor de unos truenos, casi como si fueran aullidos, quizás porque fueran muy lejanos. Decidimos salir a la vereda porque la espera de tantos meses nos ha dejado con la mente anquilosada por la falta de las conversaciones de Roberta, salimos todos juntos, abrimos la verja, pisamos la vereda de color ocre, nos sentimos inseguros, diferentes, encima no veíamos nada por la sombra de los tilos pero ahora escuchábamos mejor; no, no eran aullidos, era un sonido como de ronquidos de animales muy grandes, pensamos que quizás fueran enormes y muchos porque parecía que el tamaño del ruido que hacían no paraba de crecer y crecer.
Nos miramos un poco preocupados, los vecinos de enfrente que hacía rato no se los veía escuchar las conversaciones de Roberta cuando Roberta venía empujando su carro apoyada en su paraguas y seguida por sus perros que gruñen y que no saben ladrar, aparecieron detrás de las hilachas grises que colgaban como cortinas, tenían unos rostros muy delgados y desteñidos que nos parecieron extraños y que no recordábamos totalmente, aunque nos pareció que eran los mismos vecinos que vivían enfrente cuando Roberta comenzó a pasar empujando su carro apoyada en su paraguas y seguida por sus perros que gruñen y que no saben ladrar. Nuestros vecinos murmuraban mirándonos a nosotros y parecían en sus gestos repetir lo que nosotros habíamos conversado sobre ellos.
Nunca más escuchamos los relámpagos ni tampoco vimos pasar a Roberta empujando su carro apoyada en su paraguas y seguida por sus perros que gruñían y que nunca aprendieron a ladrar. Ahora nosotros y nuestros vecinos salimos a diario de nuestras viviendas y nuestros rostros han recuperado cierta lozanía y caminamos por las calles de nuestro barrio y de nuestra ciudad y vamos al colegio nosotros los más chicos o a trabajar los más grandes; y en esas idas y regresos nos cruzamos con algunas personas que deambulan empujando carros, apoyadas en paraguas y seguidas por perros que no gruñen y que saben ladrar, que van recogiendo lo que ha quedado de la época en la que en el vecindario se escuchaban los ruidos de los relámpagos y nos quedábamos en nuestras casas esperando que a las dos de la tarde pasara Roberta empujando su carro apoyada en su paraguas y seguida por sus perros que gruñían y que nunca aprendieron a ladrar.
24 de junio de 2007
<¿Quién eres tú, que hiendes nuestro humo y
hablas de nosotros
como si contaras aún el tiempo por calendas?
La Divina Comedia, Dante Alighieri